
La Antártica es uno de los lugares más remotos y extremos del planeta. A pesar de sus condiciones, la nieve y el aire que la rodea albergan una diversidad de microorganismos que forma parte de estos ecosistemas y que, hasta ahora, ha sido poco explorada.
Con el objetivo de avanzar en este conocimiento, un equipo liderado por investigadores del Centro C+ de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo estudió las comunidades microbianas presentes en el aire y la nieve de la Península Antártica Occidental. La investigación, publicada en la revista Environmental Microbiology, analizó muestras obtenidas durante los veranos australes de 2022 y 2023 en las bases antárticas Arturo Prat y Yelcho.
Uno de los principales resultados muestra una relación entre los microorganismos presentes en el aire y aquellos que se encuentran en la nieve. Esto permite observar la atmósfera como una vía de transporte capaz de conectar distintos ambientes y trasladar vida microscópica hasta lugares que, a primera vista, parecen completamente aislados.
Una línea de base para una Antártica que está cambiando
La Antártica es uno de los territorios donde los efectos del cambio climático adquieren especial relevancia. El aumento de las temperaturas, las modificaciones en los patrones de precipitación, el derretimiento de la nieve y los cambios en las condiciones atmosféricas pueden transformar las características de estos ecosistemas.
En este sentido, conocer qué comunidades están presentes hoy permite establecer una línea de base, es decir, un punto de referencia para comparar cómo evoluciona el ecosistema en el futuro. En un territorio de difícil acceso y donde todavía existen importantes vacíos de información, contar con estos registros permite comprender mejor cómo responde la vida microscópica frente a las transformaciones ambientales.
La investigación también observó diferencias entre las muestras obtenidas en las cercanías de las bases y aquellas tomadas en sectores más alejados. Estos resultados entregan antecedentes sobre cómo la actividad humana puede influir en la composición microbiana de ambientes que históricamente se han considerado extremadamente aislados y prístinos.
Aquello adquiere especial importancia en un continente donde aumenta la presencia humana a través de la investigación científica, las actividades logísticas y el turismo. Contar con registros de las comunidades microbianas actuales permitirá disponer de información de referencia para futuras investigaciones sobre los cambios que experimente la Antártica.
Para conocer qué microorganismos circulan por el aire en lugares tan extremos como la Antártica, primero hay que ser capaces de capturarlos.
Tecnología para estudiar lo invisible
Ese desafío llevó al equipo a desarrollar EOLO, un dispositivo autónomo y de bajo costo diseñado para recolectar microorganismos presentes en el aire en ambientes remotos. Una de sus principales ventajas es que puede funcionar durante varias horas sin necesidad de estar conectado a una fuente de electricidad, facilitando la toma de muestras en lugares donde utilizar equipamiento convencional puede resultar complejo.
El dispositivo fue comparado con un sistema comercial de muestreo de aire y obtuvo resultados similares, validando su capacidad para ser utilizado en este tipo de investigaciones.
Así, el trabajo combina ciencia y desarrollo tecnológico para abordar una pregunta que todavía tiene muchas respuestas pendientes: ¿qué vida microscópica circula por la atmósfera de la Antártica, y cómo podría transformarse a medida que cambian las condiciones del planeta y la presión antrópica?.
Porque para entender el futuro de la Antártica no basta con mirar el hielo.